Pensamientos en automático
Nada de esto tiene mucho sentido, pero llevo un mes bloqueada y no sabía sobre qué escribir.
Me resulta extraño haberme dado cuenta de que estoy obsesionada con mi yo del pasado en diferentes momentos. Lo llamo obsesión porque no sé hasta qué punto esto le sucede a otros adultos. Para no sonar tan dura conmigo misma -en ocasiones- intento definirlo como que estoy conectada con otros momentos de mi vida, pero siempre me decanto por ser muy rígida con todo lo que me acontece. He oído a varias personas hablar de su infancia y adolescencia como si no les perteneciera, describiéndolas como si hubiesen sido otras vidas y otros mundos. ¿Nos podemos separar de lo que hemos sido? ¿El paso del tiempo nos despega de nosotros mismos? Hablamos del pasado como si hubiéramos estado allí como espectadores, disociados. ¿Esa era yo? ¿Por qué lo veo desde fuera? ¿Lo llegué a vivir? Últimamente mis pensamientos siempre giran alrededor de esto: no quiero sentir que aquellos momentos fueron otras vidas, no quiero pensar que aquella persona no era yo. Es innegable que he cambiado tanto que ni siquiera me reconocería, pero todavía soy capaz de explicar con pelos y señales qué sentí en cada momento memorable. Aunque hayan pasado veinte años (o más), soy capaz de parar un segundo, hacer memoria y volver a mi propia piel antes de todo esto.
Pocas veces comento con alguien las cosas que escribo: hay ciertos pensamientos que solo los desarrollo aquí, me da vergüenza mantener conversaciones sobre temas tan íntimos. Cada vez hablo menos sobre cosas importantes, ¿esto nos pasa a todos? ¿Por qué nos da pereza sacar a flote nuestros monólogos? ¿Acaso no me aleja de las personas a las que me quiero acercar? No entiendo de dónde viene esta unión, esta fuerza que siento hacia mí misma. Por qué aparece-cómo existe-¿qué está pasando? A veces observo las imágenes desde fuera, otras veces soy yo misma la que está viviendo la escena. Ahora me veo en el suelo, apoyada en un taburete negro de metal con el asiento mullido, llorando por primera vez con una película de dibujos animados porque estoy entendiéndola, escuchando los diálogos, diferenciando los colores. Contemplo todo desde la puerta del salón. Ahora miro desde mis propios ojos, estoy tapada hasta arriba, bloqueada, con una parálisis del sueño que no me deja gritar. Puedo recordar la sensación al ver aquella película y puedo sentir en mi garganta la fuerza de la parálisis. Como si hubiera sido hace cinco minutos. Podría hacer una lista de diez eventos similares, cada uno con su sensación, su acción y reacción. Otras veces regreso hasta un escalofrío muy concreto que me entra por los tobillos cuando viajo a la primera vez que me quité los ruedines de una bicicleta azul que teníamos guardada en el balcón. Una sensación muy similar a la de los aviones despegando. Con la bici nunca dejas de tocar el suelo, pero se siente tan liviano que lo parece.
Todo esto me lleva a plantearme preguntas y a querer saber si era esto lo que quería o al final todo ha ido viniendo por casualidad. Me parece justo tener en cuenta qué pensaba yo cuando tenía doce años, dieciséis o nueve. ¿No debería ser siempre así? Tener algo de respeto por esas mentes que fueron nuestras y con quienes fuimos tan pesadas. ¿Por qué fui tan pesada con mis propios pensamientos? ¿Por qué lo sigo siendo sabiendo que ya lo he sido? Quizás escribo esto porque le debo algo a esas personas que estuvieron antes que yo. Quizás no debería llamarlas personas si estoy intentando ponerle palabras a esta conexión. Ahora me gusta más llamarlo así. Me lo llevo a mi terreno y al cuerpo. Cuando hablo de conexión con otro yo es como si pudiera sentir que quedan muchas cosas de mí en mí. De mi otro yo en mí. Supongo que es innegable: cuanto más me conozco, más lo percibo. Lo veo en mis obsesiones, en mis formas de mantenerme tranquila, en las cosas que rechazo. Las cosas que me hacen sentir en paz son las mismas que ya lo hacían cuando empecé a tener pensamientos. ¿Eso nos pasa a todos? No quiero que nadie me conteste, prefiero no saberlo. Supongo que no existe una respuesta correcta, pero no quiero conocer la realidad del asunto porque significaría conversar sobre este tema y no tengo nada que decir sobre él, simplemente anotar ideas y palabras en automático. Justamente-lo-que-estoy-haciendo-ahora-mismo. Para ser incluso más sincera, son las 22:55 de un viernes, mañana madrugo, me siento un poco triste y cansada y he abierto Substack para ver si pasaba algo. Esto es lo que ha pasado. Aunque, como he dicho antes, es un tema al que llevo un tiempo dándole vueltas.
Todas estas ideas también aparecen porque tengo un dolor de regla insoportable. Se suponía que según te hacías adulta las reglas empezaban a doler menos, pero a mí cada vez me duelen más. Me ha costado treinta y dos años que mi mente se adapte a mi cuerpo, ¿por qué mi cuerpo no se ha adaptado a mi cuerpo? ¿No debería llevar adaptado más tiempo? ¿No debería haber dejado de doler porque ya se conoce a sí mismo? ¿No es un proceso que ya debería haber terminado? El dolor de regla es completamente visceral, lo noto desde lo más profundo. Noto cómo atraviesa cualquier tejido celular, cualquier capa de piel, cualquier pared de cualquier órgano. Soy capaz de diferenciar cómo se mueve y se encaja, se agudiza y cómo se abre paso hasta llegar a mi sistema nervioso y expandirse por las piernas, los dedos de las manos, el cuello, la cabeza y la espalda. ¿Cómo un dolor localizado puede llegar a expandirse por todo lo ancho y por todo lo largo? Hace 1ºC fuera de casa y pienso en que si de mí dependiera, no pisaría la calle en una semana. Puedo culpabilizar al dolor de esta decisión, pero me he analizado las suficientes veces como para entender que el dolor no tiene nada que ver. Si vuelvo a tener en cuenta a mi yo del pasado más remoto, este sería el punto que más nos conecta: la casa como lugar de seguridad y calma. No sólo no saldría de casa en una semana, probablemente dentro de cinco meses tendré el mismo pensamiento. Probablemente, la próxima vez que salga de fiesta se posará en mí esta idea a las tres de la mañana y desapareceré. Probablemente, un día estaremos teniendo una conversación en un bar y me entrará un deseo inabarcable de volver a mi casa de manera repentina.







amiga, tus monólogos son algo que todas queremos escuchar ❤️ bienvenida de vuelta